5 ene 2012

A una hija ausente

Te he visto partir algunas veces...
como esos viejos barcos desafiando las olas,
te he visto perderte en azules adioses
y permanecer en cristalinos recuerdos.

Me he quedado en una esquina cualquiera
mirando tu norte, adivinando tu brújula,
deseándote suerte con el corazón en la mano,
derramando lágrimas para anegar tu océano.

Me he convertido en arena, en playa, en rivera,
en un viejo velero, un pescador cualquiera,
para ver si una tarde de éstas
quizá ya cansada regreses a puerto.

Yo seguiré aquí... siendo sol, siendo sombra...
esperando que llegues tarde o temprano
para poner... con cariño otra flor en tu mano.

Más si no me encuentras, no es que haya querido
desafiar tu ausencia que ha sido un martirio...
es que ésta vida tosca, dolorosa y triste...
se me ha ido acabando desde que te fuiste.

No pude más soportar la espera...
no es que creí que nunca volvieras,
sino que mi vida siempre fue ajena.

No es que me voy sino que me llevan...
te dejo una rosa que sembré en la ventana,
en la noche se cierra y en el día se abre,
tómalo con cariño que es el amor de tu padre.

Marian Gonzalez

No hay comentarios: